25 enero 2009

Hice malabares, intentando lidiar con mi dolor y mis errores. Probé también a terraformarme en mis aciertos. Me he vuelto agua, pasta de papel que se cuela por el váter a cada una de las lágrimas. De esas ha habido demasiadas. Y no lo entiendo porque hace demasiado me enraicé solamente a sonreir y todo esto lo ha barrido como al polvo. Existe mucha tristeza en todos los finales, pero a este hay que sumarle la locura y restarle todo aquello en lo que creí querer. En lo que erré ya hace tantos años, y todo lo que di. Nada como ahora o nunca, a cada momento cruel o pesadilla. Y creí aprender. Y me timó la vida o no sé si el corazón. Pero lo que más me duele, agarrándome el costado, es que ni mirándote a los ojos quisiste ver mi sangre.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Un par o tres de sanguijuelas y a comprar limones.

Atusado de pelo y frotamiento de brazo (todo sea por volver a sentir esbozar la mueca de la casa...)