
Me han sobrado cuatro horas para mezclar realidad y sueño. Quizá menos tú que nadie has decidido, sin saberlo, el color del próximo sueño. Piénsalo. Tienes todos los mensajes que se esquivan con la atenta artificialidad de las farolas. Tú y yo, que me guardo todas las miradas para construir cristal y poder romperlo. Te has acercado a mí por si al oirme susurrar escuchabas tus peores silencios. Pero ese exorcismo necesita de mis venas, de mi carne abierta. Así que ahora, en un instante, cuando pueda sonreir, es probable que ya hayamos muerto.

2 comentarios:
....jor.... pues espero que sea un mal sueño.... :S
Todas las calaveras me sonreían. Parece que la noche se apoera de la escritura, nos asemejamos a esos espectros literarios que moran cenicientos bajo farolas que alumbran humedos empedrados (lujos de vivir en ciudades "rocosas")
Un besiño
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