02 diciembre 2005

Pausas y finales

En mi portal han puesto, en una esquina -que no moleste- una de esas mesas de muerte, donde la gente escribe que allí estuvo. Que quizá en su vida pudo acariciar su llanto y, sin embargo, que prestos los primeros en sus fechas y sus firmas, cual siniestro documento sentenciando, que en la piña en que vivimos, se nos meten hasta muertos, los piñones más podridos y lejanos.
A mí que me sigan olvidando,
que me recuerde el eco en el murmullo
de los árboles que me vieron reir.
Las figuras en la nieve
o los vuelos de miñatos.
Me gustaría saber,
en el confort de mis santos sacramentos,
que una brizna de cabello recordando
pondrá punto en mi memoria
en la próxima montaña,
la próxima escalada
o las risas y reencuentros entre copas.
Madrugones y veladas.
Llega la oscuridad, terminó el día
y con vosotros,
hoy escapo del recuerdo desteñido de los nadie
de la triste y miserable (des)memoria de la muerte.

5 comentarios:

Alfredo dijo...

El olvido tiñe a los que están y los que se han ido, los amores y los desamores, los amigos y los enemigos, hasta a nosotros mismos que cada tanto nos perdemos. Cuando el azar nos pone ante determinados matices, se dispara la memoria y todo pasa a ser contemporáneo, vivo, susceptible de asociarse con alguna percepción de nuestro pasado. Lo ajeno se revela familiar. Nos descubrimos matando el olvido, casi sin querer, con el pretexto de otros. A eso le decimos memoria.

Fer dijo...

"Porque no olvido, no hace falta que lo recuerde"... Entonces yo también prefiero que me olviden.

Ignis fatuus dijo...

Don Alfredo: Pero siempre es bueno no olvidarse de nada, hay "sorpresas" que no son divertidas. La consciencia de uno mismo... a veces fundamental para evitar escollos. Un abrazo

Nada para decir: Las elecciones que se van tomando, al menos las mías, no sé si son las mejores pero... lo que es necesario es seguir andando - y haciendo revisión interna, atando cabos cuando estos se desatan- para no tener que arrepentirse de nada. Y vivir, al menos, con satisfacción interior. Venga lo que venga. Un saludo ;) y gracias

Gibreel: Sí, hay cosas que se quedan por dentro, hilvanándose por dentro, en algún lugar (¿espíritu? ¿corazón?). Te conforman. Acaban siendo parte de ti, más de lo que uno quisiera, a veces, considerar como un simple "recuerdo". Me adhiero a tu petición de olvido. Bicos,

Anónimo dijo...

Donde me encuentro los antepasados son seres queridos que nos ayudan y forman parte del futuro. Hay cierto esoterismo burdo en todo ello pero reconforta saber que alguien nos recordará (verso de un gran poeta que olvide)

Un abrazo y cuídese

Ignis fatuus dijo...

Eso es honrar la memoria, al menos. Aquí perdura cierta hipocresía de escalera. O recuerdos desteñidos en ese aspecto. Casi prefiero el esoterismo por lo que implica (o al menos lo que trae en su cola).
Pásalo bien por esos lares.
Otro abrazo,