03 octubre 2005

La visita de la mantis


Este tipo de insectos son excepcionales. Inquietantes, magnéticos, amenazantes, hipnóticos. Te mira –porque te mira, te clava sus ojos compuestos como el que sabe que le va la vida en ello- y por un instante, observándola desde la perspectiva distorsionada de la cámara te parece un ser alienígena, ese alien salido de tus peores miedos atávicos. Sus movimientos son puramente depredadores y, aunque no llegas a sentir miedo, dedicándole un tiempo más bien largo no te sientes precisamente a salvo e, instintivamente, tu cuerpo no reacciona relajado. No piensas en nada, pero esa imagen de sus largas y armadas patas delanteras, los movimientos de sus mandíbulas, su faz angulosa, su bufido defensivo (y se oye muy bien, todos tus poros lo recogen con las partes más ancestrales de tu cerebro) y sus posturas de disuasión consiguen en más de un momento hacerte olvidar tus dimensiones. La naturaleza en sí misma te hace volver a tus orígenes, desencadena mecanismos y sensaciones tan puros que la razón se convierte en ese instante posterior para seguir pensando, después de abandonarte a los momentos. A las percepciones repentinas y feroces de vivir, de observar y de sentir, trasladando la razón y la desgana a la odisea de volver a sumergirse en nuestro mundo, los quehaceres y problemas cotidianos. Entrar por esas puertas, reanudar el trabajo, pensar en un plan, una idea, un problema, un dolor, una complejidad que ya no entiende el corazón. Aunar los mañanas en números, propósitos, volverlos nada. Adulterar el presente de rayitas y ecuaciones en un cuaderno para leer el lunes, de pasa(pérdidas de)tiempos y analgésicos momentáneos. Planear, seguir pensando…
Y, mientras tanto, morirte de ganas de volver a salir por esa puerta, y seguir viviendo.









4 comentarios:

Anónimo dijo...

Siempre me han gustado esos animales que tienden a formas vegetales.

"Era una canción antigua, tan antigua como la raza misma, una de las primeras canciones de un mundo más joven, de un tiempo en que todas las canciones eran tristes"
Jack London: La llamada de la selva.

Tal vez debieramos sufrir más a menudo esos virajes atávicos. Aunque sólo fuese para pensar menos.

Una vez más has conseguido conmoverme

Ignis fatuus dijo...

Pues no hablemos entonces de los insectos palo, o los insectos hoja (estos últimos hace años que no los veo). Tuve la suerte de encontrarme uno de los primeros, hace relativamente poco, pero no llevaba cámara encima, y son también increíbles.

principio de incertidumbre dijo...

Yo he visto de los palos, son muy lindos.

Evidentemente, tengo preferencia por las Moscas.

Ignis fatuus dijo...

Hahaha
En todas sus variantes, ¿no?