17 agosto 2005

Y bofetadas de reacción en arameo, o algo

“Yo te quiero” me decía,
con su mano levantada…
El adiós más reprochable,
la falacia más constante.
¿Por qué no hubo valor para las manos,
agarrar la despedida con los brazos,
deshacer las verdades de mentiras
y romper los adioses en abrazos?

Hubo un día muy cercano,
mil en la memoria,
en el que deshilachar las mortajas de los muertos
siempre fue posible.
Deseé, sabes que sé que lo sabías,
con amor escurriéndose en las manos
(tus palabras escapaban a la magia,
tu intención la paralela de tus lágrimas)
que lo dicho y bendecido por tus labios
no fuera la ilusión que te creías,
no fuera el cero izquierdo que clavaste
y remataste
en el peor de los quereres de fachada.

Cuando una mano que callada se levanta,
espera un beso que responda, por fin
a mil palabras condenadas,
rompiendo el yugo del destierro de mis ojos.
Y lo que halla,
en la tangente, la peor de las mentiras:
Mi yo de trapo sin hablar desde tu boca,
tus ilusiones transformadas en la culpa que me niegas
que nuevamente me regalas tras los párpados cerrados.
Un sin preguntas, no vaya a ser que en mis palabras
pueda darle excusa a la esperanza,
esperanza hasta imposible que es también hasta la hermana
inquebrantable del amor más inhumano.

Menudo drama rota la sinopsis de ese cuento,
no poder sujetar ya con hilos más que rotos
la imposible impertinencia impenetrable
de argumentos que no hablan
de lo que hablaron tus labios.

No se dice ni se habla,
no se calla, no se marcha
cuando quieres con locura
y es de loco, la única palabra,
lo que en su llanto te achaca.
Y no se ven los verbos de su “im” borrados,
posibles notas sólo en las canciones
de algún que otro loco corazón enamorado.

¿De qué coño hablan tus letras y tus lágrimas,
a qué extraño juego, en sutil –para los muertos-,
delicado sabotaje
das candado al camino que se marca?
Tú sabrás lo que te haces
porque mi letra es tardía
como el latido, estúpido latido,
devorándome las sienes en silencio
ante tu puñetero estruendo de palabras
empapadas de un amor que de carcasa
se alimenta en mi silencio de valores,
de poderes, de ilusiones y de ganas
que por no existir, te faltan.

Vive el mar que te bendigo los caminos,
uno había en el momento descarnado
¿no lo viste, tú, tantísimas palabras,
la rota lágrima cayendo
triste, gris, desamparada?

Es la muerte lo que anhela en mi tu pecho,
no me juegues, no me escondas en el aire,
en el grito del peor de los silencios.
No me jodas arrancándome las venas,
dando salto al corazón que está cansado.
Siempre hay prisa y hay momento
y el sendero está allanado
a quien corre porque quiere
y descubre porque sabe
lo que hay dentro (y más no importa)
tras echarme tras las puertas y negarlo.

No me vendas el recuerdo a bajo precio,
no me fusiles hasta lo inmortal del alma
cuando un día de rodillas yo sí espero
ese beso, ese viaje y ese abrazo
y es tu amor tan proclamado
el que pone de patitas en la calle
mi intención y un “me desprendo de razones”
acogiéndome al hogar más añorado.

Vive el vuelo de la vida que bendigo otras palabras,
otro tipo de tropiezos,
el descenso de la lógica empapándome en la cama
veinte dedos desnudando la certeza
si lo manda el corazón, porque no calla.

Allá tú y tus papeles de artificios,
tus señales desgastadas
y tus pájaros mancos
de alas.
Y tus quiero que te creas,
y que sepas
y que entiendas
“de mi amor* pero Distancia”.
No soy yo tras los espejos
quien podría imaginarte,
cuidarte el paso,
renombrarte las razones
los motivos,
los paisajes.

Este cruce de caminos en silencio
que se apaga…
Y este cero en las paredes del ayer
que me clavo en crisantemos de mañana.


* pongámosle un conjunto de comillas

4 comentarios:

Explorando dijo...

no se si ya dije que me encanta lo que escribis
no tengo otras palabras
(y al amor siempre hay que encomillarlo, hay que tenerlo en penitencia!)

principio de incertidumbre dijo...

Adhiero a el espacio real: me encanta cómo escribís, Ignus.
Desde acá, la hinchada argentina.

Ignis fatuus dijo...

Sí, y supongo que todo lo que no significa lo mismo para dos personas debe llevar esas comillas reticentes.
Gracias a los dos por los comentarios!

principio de incertidumbre dijo...

Eso de que no todo significa lo mismo para dos personas me recordó a eso de que si el tiempo es un proceso mental, ¿por qué lo comparten todos los hombres?

Saluditos,
;-)