26 junio 2005

¿No querías caldo? Pues toma cuatro tazas.

Estoy cansada de esta vida y le temo a la muerte. Todo es un clamor agónico de notas desmembradas, una claustrofobia sin límites, una orquesta en rojo de pensamientos circulares. En el medio, atribulada en un eje de finales escondidos, me confieso en una atea sonatina, la liturgia de los que perdieron los nombres y se mueven ciegamente entre señales que ya no responden. Entre cuerpos de una sola mano y postales de un futuro entre telones.
La cabeza va a estallarme y no encuentra algún estúpido escenario donde caerse muerta. Algún arrebato alejado del gris, algún espasmo diferente de la nausea. Miro mi cojera y me parece, que en la estática patraña de la vida que se mueve, voy dejando ondas parecidas a tristeza. Y todos los lamentos confundidos con sonrisas. En la pétrea indiferencia de la noche que se cierne, voy contando azul en espirales. Ni una lágrima, ni un latido que remueva una faz inalterable. Voy trenzando, insoportables, quebraderos que se antojan importantes. Cuando aprenderemos, ya mirada cara a cara y consentida, aceptada, la insignificancia de nuestros propios pasos a dibujar tantas mentiras de verdad que nuestros días resulten soportables. En una ciclotimia de ánimo vendido por capítulos aprendí, olvidé, perdí, en esta obra en “n”* actos de la vida, todo aquello que en el libro de la mente tan útil como quimérico podría resultarnos. Y tan baldío representa tener fe en la memoria de la carne, de lo humano, del pasado que se muere sin provecho. La consciencia es una falacia con miles de polos que nos confunden. Aprender, más allá de retentivas inservibles, es saber que los errores se repiten. Voy a untarme de cacao mis labios ya resecos, no vayan a perder la soledad acompañando a algo que en otro instante podríamos llamar espíritu.


*Que “n” te guarde y corra rauda al infinito. El movimiento es el mejor amigo del que, sin playa para los sueños ni velos para el temor mira a la cara a la veda abierta de la inocencia. Y soporta sus recuerdos en la pausa interminable de una noche.

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