He probado todas las maneras de morir.
Ahora sólo me queda sentarme (la vista fija en ninguna parte,
las manos agarradas a los pies). Clavarme poco a poco.
A mí y a ti, como los peores filos, que se acaban en las manos.
Escupiendo sangre sin saber dónde ha pegado ese golpe o cómo
la ternura agoniza en un suspiro gris, que te araña y se va volando.
No necesita correr, porque sabe que no nos quedan fuerzas.
Dos para gritar y golpear los muros,
que se embisten con silencios y coronas de flores secas.
Absurdas letanías de colores apagados me congelan el pecho.
El estómago, plagado de demonios, detiene el corazón.
Las manos siguen agarradas a los pies y, aunque el fondo es un océano de sangre desatada,
hasta aquí no llega ni un murmullo que te nombre.
25 agosto 2008
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2 comentarios:
Aún sin escuchar nada se perciben los aromas… A mí me huele a mañana soleada cuando se abren las nubes tras un chaparrón, huele a tierra mojada.
Huele a luna en la noche tibia desde la terraza, a eclipse, a luces en el cielo…
También a risas y a lluvia de palabras incoherentes, alegres enlazadas en jocosas cascadas surrealistas.
Huele a mar…, a sal…, y a veces, demasiadas, a lágrima, pero siempre a beso y a caricia, siempre a abrazos y nunca, nunca a nada.
A qué huelen las nubes?
What a feeling!
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