15 septiembre 2005

Cuando nunca hay nada nuevo bajo el sol, la noche, nos pillará dormidos




“Un guerrero debe morir en la zanja de los hombres”
Antiguo refrán zulú.

Cuando uno no es un bóer ni un zulú, esta frase, amén de la patética significación histórica, se convierte en un absurdo de las circunstancias. Una muerte ocasional, un despiporre de la vida dando formas abusivas al destino hasta establecer normas y señales de dudosa trascendencia más allá del contexto. Lo místico y universal se destierra y las imperiosas hordas de la nada, de la sesga emocional trasladada a dos bandos, se alían para que las líneas que desafían al tiempo se transformen en la insignificante consecuencia partida de lo que, para uno es, una muerte digna, su dolor, un enemigo o un peligro.
Echo de menos ciertas leyes universales que nadie, y menos yo, es capaz de rebatir. Esas que no admiten la debilidad propia porque la convierten en certeza sin más nudos ni equívocos subjetivos que los generales. Claro y nítido. Las acoges sin necesidad de olvidarte de los párpados y, sin conflictos históricos ni deudos culturales o mentales, eres capaz de llorar sin excusas ante una elegía pero también discernir una verdad y sonreír asintiendo sin ambages. Ese hartazgo de la lucha en el que uno, cansado hasta de la huella plasmada en el paso del tiempo, se hastía de frases en las que, hablando de nuestras propias y aisladas tesituras, olvidamos la belleza en la consciencia de qué es la guerra y dónde debe morir uno… En términos muy alejados de un punto espacio-tiempo en que, olvidándote tu alma y con “encierros circunstancia”, acabamos todos en la boca de una “lástima”, de una Mfecane (aplastamiento) o una Weene (llanto).

En esa historia sangrienta de África, esa caja de sangre donde a veces, “Dios” mete a la gente y deja que se maten, persiste en fatídicos topónimos esa gran victoria Bóer. Esa especie de inmigrantes holandeses, de afrikáners, con su propia realidad y querencias, descritos por Mark Twain (Siguiendo el Ecuador), Frederick Selous o Rider Haggard (“ Hay dos cosas que no soportan, la verdad y el ridículo"), en la que sólo sigue habiendo muerte y errores muchas veces imposibles de observar en carne, huesos y ese instante. Y la línea que uniría toda esa masacre en dos semblantes, en una sola conclusión, pasada y vana, como siempre, habría que buscarla en las páginas de la “humanidad”.

Para terminar esto -y por si algún alma perdida por estos lares quiere saber de finales- con una conclusión histórica, en ese bucle macabro donde la muerte se paga y llora con muerte, cito a J. Reverte:
“A las once, el ejército de Dingane comenzó a retirarse. Pretorius ordenó entonces la carga de su caballería y él mismo se puso al frente de los jinetes. Los zulúes, aterrados, se desperdigaron en su huida. Los bóers agotaron casi toda su munición durante las horas que siguieron, matando zulúes a campo abierto como quien caza conejos. Sólo la caída del sol detuvo la masacre. Al amanecer del siguiente día, los cadáveres de tres mil guerreros zulúes cubrían el campo de batalla, “amontonados como calabazas en un huerto feraz”, según señaló un combatiente. Los boérs tan sólo tuvieron cuatro heridos, uno de ellos Andries Pretorius, en la lucha cuerpo a cuerpo con un guerrero zulú después de caer de su caballo. El río Ncome fue rebautizado por los vencedores como Blood River, el Río de la Sangre.”

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¿No se hizo una película titulada "Amanecer zulú" con Michael Cane como protagonista? Aunque en ella se contaba la derrota de los boers (que cuando lucharon por sus posesiones contra los ingleses alegaban los mismos derechos que los indígenas por que ellos llevaban allí desde el s.XVIII)

P.D.: También me recordó a un pasaje de "Los miserables", concretamente cuando se narra la batalla de Waterloo.

Ignis fatuus dijo...

Pues no sabía de la existencia de esa película, gracias por la información.
Hubo muchas idas y venidas en esas matanzas del s.XIX y ya se sabe que a veces un argumento, por el simple hecho de ser de otro, resulta obviado en un instante pero puede suponer algo muy coherente y válido en otro subsiguiente... Y esas cosas.
Los humanos podemos tener mucha memoria, y a veces tan poca que resulta ridículo. Y triste.
Un abrazo,

principio de incertidumbre dijo...

"Echo de menos ciertas leyes universales que nadie, y menos yo, es capaz de rebatir. Esas que no admiten la debilidad propia porque la convierten en certeza sin más nudos ni equívocos subjetivos que los generales."

Sí, extraño tener una certeza.

Anónimo dijo...

Pues qué pena que no hayas optado por incluir una dirección de correo electrónico en tu perfil de usuario. Quisiera hacerte unos discretos comentarios en privado.
Un saludo.

Ignis fatuus dijo...

Pues sí, no he puesto un correo de contacto aunque supongo que lo pondré en el perfil un día de estos.
Podéis escribirme a chrysaora_spp@yahoo.es

Saludos,