22 agosto 2005

Más palabras del pasado

Donde quiera que un suspiro se nos mezcle y se nos pierda,
la densidad de las horas mutables.
Tú regalas eso, yo coloco las piezas a veces bien
y muchas mal.
Mucho mal para completar el lienzo,
de un paisaje hastiado de sol desértico
De querencias verdes y olor de lluvia.

Y en la cuerda espera, destino breve
de un momento donde la piel
no se arañe con restos de canciones rayadas.
Sólo cobrarán, como con cincel, forma humana
unas maños teñidas de deseo
por sobrevivir al vacío de los ojos que se miran
y no se encuentran.

Cuándo el color devolverá a esta vida,
el aire que antaño al robo era fugaz.
Dulces vueltas para cortas despedidas,
en minúsculas. Tiernas minúsculas
engarzadas como esperas,
en pulseras en las manos.

Cuándo cadenas, por qué hierro,
férrea cárcel de ausencia obligada,
donde lloré plomo y niquel...y polvo de cristal
de lágrimas cien veces rotas.

Las formas que se curvan en el techo,
no son nuestro camino.
Quizá el mapa desdibujado de la mente
adivina el corazón cuando se miente
descubriendo su esperanza en el silencio.

Y tú, escúchame...
No sólo cuando mi voz de anémona
daña en sus tentáculos de agua,
una piel escasa,
ondas de diversa procedencia.
Repliego ya la boca, las tristes fauces.

Deberá ser hoy mañana.

1 comentario:

Anónimo dijo...

→"descubriendo su esperanza en el silencio"


¡Uff! Un koan zen abierto a mil explicaciones. Analogías y versos descompuestos con un mensaje lúcido.

Bello poema