14 julio 2005

Recuerdos enlatados

Líneas paralelas, inequívocas.
Exacta intangibilidad que me toca, y me pierde, y me falta.
Siempre, "hoy", me falta...
Qué irracionalidad sostenida en el vacío,
que oscuras las cuerdas que, invisiblemente,
sobre mi cuerpo -cálido, entregado-
trenzaste un día.
Impertérrita muralla de ópalo quebrado,
ajado y triste. Frágil.
Como tu cara en la memoria de los muertos.
Como tu voz en el recodo más lejano del recuerdo.

Tu pasado y tu presente, posesión inalienable,
no es más que un camino de puntos,
un juego de niños.
Fue exacta esa lucha, inservible e insidiosa.
Ahora son dos líneas que se cruzan en tu frente,
y el perderme levemente en la distancia.
Ese punto, valor cero, de distancia incalculable
y realidades opuestas, sepultan un futuro que nunca existió
ni en la fe de tus destinos múltiples,
ni en la minúscula sorpresa de una lluvia inesperada
que nunca compartí.

Yo no cobijo en mis dedos las lides de tu presente.
Hoy comprendí,
por los caminos que aparentemente trazan ingenuos los días,
cómo soy sin verme en el borrador de tus días.
Ese que perdió la esperanza con tus manos agarrando mi cintura,
oscura y sin brillo al tacto de la piel.
Miraste las partículas del polvo, y comprendí
como una cadena puede ser un pasado hermoso,
inexistente la mirada a la materia que quema la piel.
Cómo el óxido azaroso introdujo en nuestros ojos mi certeza,
de tu muerte y mi desgracia.

Y las lágrimas cansadas de otro mundo, lloraron en mis ojos.
Descubrieron el absurdo de la vida desvelando los misterios de su fin.
Ese miedo, esa condena,
esos demonios sin forma.
Maldije el día de la vaga fantasía de olvidarlos.
De ponerles nombres y robarles el alma.
La Nada era yo.
Era yo el abismo, cada vez que tu mirada esquiva
me robaba sin tocarme.
Y en la ebriedad de esa nada, entre oscuras pesadillas,
racionales desvaríos, la esencia de este presente
escribe en mi carne abierta, las palabras de ese abismo
que no quise, y no puedo, ser yo.

1 comentario:

principio de incertidumbre dijo...

Guau...
Estos versos seguirán haciéndome eco buen rato:
"Qué irracionalidad sostenida en el vacío,
que oscuras las cuerdas que, invisiblemente,
sobre mi cuerpo -cálido, entregado-
trenzaste un día."